Europa

Música para evitar la exclusión de los niños romaníes de Moldavia

Cantar en un coro puede beneficiar a los menores de la comunidad gitana, que demasiadas veces se enfrentan a la discriminación

 

                                                                                                               "Los integrantes del coro La La Play". Unicef Moldavia

 

Moldavia - 06/02/2019          

           La música nunca ha sido una de mis habilidades. A nuestros aliados de la Joven Orquesta Nacional de Moldavia, con una amplia formación musical, les llevó un tiempo convencerme a mí, una analfabeta musical, de que cantar en un coro podría tener numerosos beneficios para niños que, demasiadas veces, se enfrentan a la discriminación, como los de la comunidad romaní.

Sabía que en el pasado había músicos romaníes conocidos como lăutari. Sin embargo, aunque estábamos sopesando la posibilidad de iniciar un proyecto de inclusión a través de la música, todavía tenía la impresión de que la práctica musical, especialmente la clásica, era una especie de privilegio; de que el arte es para expertos y personas con estudios superiores. Conocía a muchos jóvenes músicos con talento, que formaban parte de un grupo pequeño y selecto de personas con instrucción musical, la mayoría de ellas gracias a costosas clases privadas y propietarias de un instrumento profesional.

Una familia típica romaní de un pequeño pueblo moldavo no tendría los recursos necesarios para formar parte de ese mundo. De hecho, los romaníes son uno de los grupos minoritarios más desfavorecidos de Europa y Asia Central; también en Moldavia. La mitad de los niños romaníes en Moldavia no está en la escuela primaria ni secundaria, y solo uno de cada cinco va a la infantil. A menudo, estos niños entran tarde en el sistema educativo y lo abandonan antes debido al estigma, la discriminación y la pobreza. El matrimonio infantil y las tasas de abandono escolar están estrechamente relacionados, sobre todo en el caso de las niñas.

Take Zinaida Maristan vive en el pueblo de Ciocâlteni, en el distrito de Orhei, y tiene cuatro hijos. Ella no tuvo la oportunidad de desarrollar una carrera musical, pese a su talento natural. En la comunidad romaní en la que creció, las niñas raramente perseguían el sueño de la educación. Zinaida, como muchas mujeres romaníes en Moldavia, se casó joven. Muchas familias ven en el matrimonio una manera de proteger a las niñas y lo perciben como una tradición valorada. En realidad, estas bodas aumentan las desigualdades para las niñas y limitan sus oportunidades.

No para la hija de Zinaida, Elizaveta, que hace seis meses se incorporó al proyecto de inclusión musical de Unicef Moldavia. Su voz nunca se había escuchado más allá de su pequeña comunidad. Ahora Elizaveta es vocalista del coro La La Play, y ya ha experimentado cómo el poder de la música puede mejorar las vidas de los jóvenes. Me contó que se había sentido valorada y que ahora tiene un nuevo grupo de amigos que proceden de diferentes partes del país.

Lo que más me gusta de mi trabajo es dar oportunidades a niños y jóvenes como Elizaveta. El mundo está cambiando y nuestro trabajo contribuye a ese cambio. En Moldavia la música clásica era un privilegio para las élites, pero hoy está al alcance de los niños más vulnerables del país.

Son pequeños pasos que marcan la diferencia para los niños y jóvenes a los que es más difícil llegar. En un coro, todos los cantantes se funden en una sola voz. La música es inclusiva, representa el modelo de sociedad que queremos.

Fuente: El País               

                                                                                                  Mundo gitano - Gypsy World